Pese a que las tardes de Domingo en mi casa suelen ser de lo más sedante, hoy que el Glorioso Club Atlético de Madrid jugaba fuera, he decidido resentir la economía familiar un poco, aunque sin llegar al nivel de la subida de la leche, para ver el encuentro de Riazor. Hay que decir que pagarle doce euros a Ono (la meretriz) para que luego le pague seis o más a Audiovisual Sport (el chulo), ha sido, es, y será prostitución audiovisual. Pero claro, debe ser que soy de la época de José María del Toro y el fútbol en abierto en Telemadrid, cuando al Atlético lo podías ver tres semanas de cada cuatro en abierto, ya fuera a grandes estadios o a lupanares futbolísticos de medio pelo como en el que hoy se ha presenciado este partido.
Otra opción, sin duda más barata, también es peor a veces, consiste en aguantar al vecindario madridista en el Bar de la esquina mientras esperan a que juegue el trampas; con lo subidos que están últimamente y con el ánimo que tenía de salir yo de mi casa casi mejor me quedo en ella para ver el espectáculo.
El espectáculo. Sublime. Maravilloso. Fantástico. Noventa minutos de puro tedio sólo interrumpidos por las jugadas de los goles de nuestros jugadores. El gol de oficio de Forlán. El gol de crack de Agüero tras salvar los muebles Raúl García. Y el gol de Jurado, que no fue del otro mundo pero viene de perlas a la ídem de la cantera madridista, más que nada porque el equipo necesita lo mucho o poco que pueda aportar. Y la moral, en un jugador que ha necesitado dos temporadas en primera para estrenarse con el Atlético, debe ser algo importante.
Con una lectura así del partido todo se resume en ver cuando entra el primer gol. Porque el Deportivo parece un equipo conforme con el hecho de estar desahuciado en Enero. El otrora campeón y nuevo rico de la Liga española sólo tuvo empeño y bastante mala suerte, todo sea dicho. Pero el dinero desaparece, el proyecto deportivo se agota, y estos se van a Segunda fijo.
No puedo extenderme mucho más con un partido así, pese a que el resultado es engañoso, y el juego de los nuestros fue engañoso también, ya que otro resultado que no hubiera sido ganar en el prostíbulo de la Liga española (no, no me refiero a la Sede de la Federación), hubiese sido un fracaso mayúsculo. Pero ver ganar al Glorioso es de esas cosas que no tienen precio, dinero bien gastado, incluso para los hinchas del Deportivo, que ya se les habían olvidado lo que son dos delanteros de verdad. Aunque hayan tenido que poner la cama.
- Rico.